lechuza

Lechuza Común, reina de la noche

Una de las aves más escasas y difíciles de ver que todavía habitan en los montes colindantes a la refinería de Petronor, es la nocturna y enigmática lechuza. Sin embargo sorprendida a plena luz del día se puede contemplar un ave de inusitada belleza, que en nada se asemeja con el tenebroso animal emplumado que infunde un pavor supersticioso. El elegante y delicado plumaje de esta rapaz de unos 35 cm de longitud, posee un precioso color blanco inmaculado o crema, profusamente moteado en su vientre y pecho. Sus alas y el dorso son dorado-rojizos, con variable extensión de color gris punteado de tonos grises o rojos.




A la hora de establecerse en un refugio para pasar el día, la lechuza busca un lugar tranquilo, silencioso y oscuro. A lo sumo admite una ligera penumbra que no perturbe su descanso, pues no soporta la luz. Una vez escogido su hogar, puede vivir en él durante años.

Por el día, mientras permanece en reposo, mantiene su cuerpo erguido, con el plumaje pegado a él, los ojos semicerrados y las plumas de la cara erizadas, de tal modo que ésta toma forma de corazón.

Lechuza

Cuando anochece, tanto su actitud como su aspecto se transforman súbitamente. Es la hora de cazar. Al igual que un blanco fantasma, en absoluto silencio abandona su lugar de descanso y emprende el vuelo hacia los campos. A menudo sobrevuela el suelo a poca altura, inspeccionado cualquier movimiento que delate la presencia de una posible presa. Al igual que las demás rapaces, es capaz de localizar y capturar a sus víctimas, fundamentalmente roedores y musarañas, por el ruido que emiten.

Cuando se nutre y desgarra a sus presas, la lechuza procede a retirar sus plumas de la cara hacia atrás, de modo que su disco facial permanece siempre limpio; entonces se puede contemplar su robusto pico.

ÉPOCA DE CELO

A principios de marzo las lechuzas entran en celo y los machos emiten continuos sonidos que recuerdan ronquidos, al mismo tiempo que cortejan a las hembras llevándolas gran cantidad de presas, que muchas veces se amontonan al resultar excesivas. Estas aves no construyen nidos, sino que se limitan a poner los huevos en el suelo de un desván o en el interior del hueco de un árbol. Su número oscila entre 4 y 8, aunque pueden legar a 11 en años en los que es muy abundante el alimento.

La hembra es quien se encarga de llevar a cabo todo el proceso de incubación, que se prolonga entre 30 y 40 días, mientras es alimentada por el macho. En rara ocasión abandona el nido.

LECHUZA

Cuando los huevos eclosionan aparecen las jóvenes lechuzas, cubiertas de un plumón blanco, algo espeso, que es reemplazado al cabo de dos semanas por otro nuevo, más denso y de color terroso, que permanece hasta que las crías alcanzan los 40 días. Entonces es sustituido por el propio y definitivo de los adultos.

Aunque son lentas en su desarrollo, como todas las rapaces nocturnas, si están bien nutridas, las crías son capaces de volar a los 70 u 80 días de su nacimiento; pero aún permanecen el los alrededores del hogar una o dos semanas más. Después se independizan y emprenden una dispersión errática en busca de un lugar que disponga de alimento suficiente para poder asentarse.

 

 

CURIOSIDADES

Lechuza

Protagonista de pintorescas leyendas, amiga inseparable de lamias y sorgiñak y objeto de innumerables supersticiones populares que la ha llevado, en numerosas ocasiones, a ser considerada como un ser oscuro y maldito, estrechamente relacionado con la muerte, a pocas aves se les ha rodeado de un halo tan misterioso como a la lechuza.

Su vuelo nocturno, tenue y silencioso, como la caída de una hoja; su inconfundible ulular, cargado de oscuras connotaciones relacionadas con el temido mundo de la noche.

su pálido rostro acorazonado que se cubre de plateadas iridiscencias bajo el mágico reverberar de la luna y su tendencia a buscar acomodo en desvanes y campanarios rurales, han contribuido a acrecentar aún más la aversión del hombre hacia el oscuro objeto de su temor.