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Rana verde, la reina de las charcas

Conocidas por sus escandalosos cantos emitidos en los cálidos anocheceres del verano, o por verlas saltar cuando nos acercamos demasiado a las charcas donde viven, las ranas verdes comunes son, gracias a su gran adaptabilidad y extraordinaria fecundidad, uno de los anfibios más abundantes de las zonas húmedas circundantes a la refinería de Petronor.




Activa principalmente durante el día y muy ligada al agua, ya que permanece casi todo el año en ella y coloniza más rápidamente que cualquier otro anfibio cualquier masa de agua, la rana común (Rana perezi), a diferencia de las silenciosas y generalmente terrestres ranas pardas, es muy ruidosa y suele permanecer flotando en las charcas, manteniendo la cabeza fuera del agua. También suele acomodarse en las piedras que sobresalen de la superficie o en las rocas que bordean el estanque. Allí permanece tomando el sol a la espera de que pase algún insecto.

Cuando algo la asusta salta y se zambulle nadando con rapidez hasta el fondo del remanso, donde permanece unos minutos. Después, asciende de nuevo a la superficie y asoma la cabeza para ver si ha pasado el peligro. En caso afirmativo, vuelve al lugar que había abandonado.

En este anfibio, las facultades sensoriales aparecen muy bien desarrolladas, sobre todo la vista, como se puede apreciar por la conformación de su ojo. También reconoce muy bien a sus enemigos y evita, por tanto, aproximarse a las aves acuáticas predadoras y al hombre.

A menudo apresa a sus víctimas con admirable astucia. Únicamente se alimenta de presas vivas que captura en movimiento. Nunca ataca a un animal inmóvil, porque reconoce a los seres vivos por sus movimientos.

Es extremadamente voraz. Se nutre principalmente de insectos -moscas, mosquitos, libélulas-, y no desdeña ni siquiera a himenópteros provistos de aguijones, como las avispas. También atrapa caracoles, lombrices de tierra y arañas que merodean por los alrededores del agua.

Cuando llega el invierno se sumerge bajo el lodo de las charcas y se aletarga hasta la primavera.

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Indefensos renacuajos

Su época de cría comienza al inicio de la primavera y como en casi todos los anfibios, su instinto reproductor es muy intenso. Los machos croan y se forman grandes grupos en las orillas de las charcas donde viven. Entonces se producen los acoplamientos y las puestas. Cada hembra puede poner entre 5.000 y 10.000 huevos negros de un milímetro o milímetro y medio, envueltos en una sustancia gelatinosa. Éstos caen al fondo, donde quedan fijados a las rocas. Al cuarto día, el embrión ya se mueve; al sexto su envoltura gelatinosa se abre y el renacuajo, de color amarillo grisáceo y de poco más de un milímetro de longitud, coletea tembloroso y comienza a nadar.

Las larvas se nutren de sustancias vegetales o de animales, incluso en estado de putrefacción, así como de algas y de partículas alimenticias suspendidas en el agua.

Como ocurre con los renacuajos de otras ranas, a veces se comen entre ellos, sobre todo cuando escasea el alimento, pues son tremendamente voraces.

La metamorfosis dura unos tres meses, aunque a veces puede llegar a los tres y medio. A los pequeños renacuajos les va saliendo primeramente las patas traseras y luego las delanteras, al mismo tiempo que sus branquias se atrofian y dan paso al desarrollo pulmonar. Finalmente sus colas, que eran sus órganos natatorios, se acortan hasta desaparecer. En el momento de abandonar el agua, las jóvenes ranitas miden algo menos de dos centímetros y entonces muchas son devoradas por sus propios padres.

CURIOSIDADES

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Debido al prolongado período reproductivo de esta especie, a menudo se han observado larvas hibernantes de gran tamaño, procedentes de puestas tardías que no habían finalizado su metamorfosis en un sólo ciclo anual.

Al cabo de cinco años alcanzan un tamaño de seis centímetros aunque continúan creciendo lentamente durante sus nueve o diez años de vida.