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La vida de los salmones del Barbadún

Nacidos en minúsculos arroyos de montaña, después de sortear innumerables cascadas y remansos, los salmones del río Mayor o Barbadún -como se denomina en el tramo de su desembocadura




Nacidos en minúsculos arroyos de montaña, después de sortear innumerables cascadas y remansos, los salmones del río Mayor o Barbadún -como se denomina en el tramo de su desembocadura-, descienden río abajo atraídos por la llamada del mar cuando apenas han cumplido los dos años de edad y su tamaño supera ligeramente los 20 cm. de longitud. Dos o tres años después, ya adultos, emprenderán el viaje de retorno a los mismos arroyos que les vieron nacer, para desovar y perpetuar la especie.

El Barbadún, junto al río Lea son los dos únicos ríos vizcaínos que, gracias a las repoblaciones llevadas a cabo desde 1995 por el Departamento de Agricultura de la Diputación Foral de Bizkaia, cuentan entre su fauna con el "rey de los peces", el codiciado salmón., después de que se extinguiera a mediados del siglo XIX, cuando se construyeron las primeras presas en estos cauces. Su número todavía es escaso, pero cada año se va incrementando el número de ejemplares que regresan para reproducirse.

Vida en el río

Fernando-Pedro-PerezCuando nace, a principios de primavera, el diminuto salmón tan sólo mide entre 1,2 y 2 cm. de longitud. Es transparente y su vientre aún posee el saco vitelino del que se nutre durante más de dos meses, mientras permanece inmóvil en el fondo, hasta que es capaz de nadar. Entonces, con apenas 3 cm. se dedica a buscar larvas de insectos y pulgas de agua para alimentarse.

Hacia el quinto mes, cuando alcanza los 5 cm., desarrolla las escamas, su cuerpo se oscurece y en él aparecen numerosos puntos negros. A los seis meses ya mide 7 cm., y al año supera los 15 cm. En ese momento su dorso adquiere un color gris azulado, mientras que el vientre y los flancos se tornan plateados y se llenan de grandes manchas. Entonces se alimenta de insectos, gusanos y pequeños crustáceos.

Llegado este momento de su vida, -algunos permanecen otro año más, hasta que cumplen dos años- los salmones del río Mayor descienden por el cauce del río hasta que llegan a la playa de la Arena, donde comienzan su periplo marino. En esta etapa de su vida su cuerpo se estiliza, se vuelve más activo, más voraz y consume más oxígeno. También agudiza sus facultades para memorizar las características del río que le ha visto nacer y para ello desarrolla notablemente su sentido olfativo.

Todavía no se sabe con certeza por qué migran estos peces. La posición del sol, la temperatura y el nivel del agua que aumenta al derretirse la nieve, son los factores que los científicos barajan para intentar explicar este enigma.

Se ha comprobado que los salmones de la cornisa cantábrica acuden hasta aguas del Mar del Norte, antes de regresar de nuevo para desovar.

Durante su vida marina se nutren de peces, tales como anchoas, sardinas, así como de moluscos y crustáceos, logrando crecer tan rápidamente que en menos de un año triplican su talla.

Los machos alcanzan la madurez sexual al cabo de 2 ó 3 años de vida en el mar, es decir, a los cuatro o cinco años de vida, si bien algunos, excepcionalmente, precisan siete.

Retorno a los ríos

Una vez alcanzada la madurez sexual, los salmones regresan al mismo río que les vio nacer. Cuando llegan hasta la desembocadura del Barbadún, permanecen en ella durante algún tiempo para adaptar su cuerpo a las aguas dulces. En esta fase pierden su coloración plateada y remontan el río entre los meses de febrero y julio. En pleno invierno suelen entrar los mayores ejemplares, mientras que los más pequeños lo hacen durante el verano.

A finales de otoño o principios del invierno siguiente tiene lugar el desove. Las hembras escogen arroyos de 30 ó 40 cm de profundidad y lecho de gravilla, que están provistos de una ligera corriente que oxigene los huevos. Allí preparan pequeños surcos de 20 a 30 cm que excavan agitando con fuerza su cola. Después los machos inician su danza nupcial girando alrededor de ellas hasta expulsar el esperma que fecunda los huevos que son depositados en los surcos y enterrados mediante movimientos de la cola. Estos miden 6 mm., son rosados y tardan entre 2 y 3 meses en eclosionar.

A diferencia de otras especies de salmones, como los canadienses, el salmón atlántico (Salmo salar), de nuestro Barbadún, no suele morir tras la freza. Se deja arrastrar por la corriente río abajo hasta el mar, donde recupera su fuerza y colorido y se prepara para un nuevo viaje. La conservación en buenas condiciones de su cauce es, entre otros factores, vital para la conservación y el futuro de esta especie tan emblemática, cuya vida media es de cinco años, si bien algunos ejemplares pueden llegar a alcanzar los diez años de edad.

CURIOSIDADES

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El Barbadún, junto al río Lea son los dos únicos ríos vizcaínos que, gracias a las repoblaciones llevadas a cabo desde 1995 por el Departamento de Agricultura de la Diputación Foral de Bizkaia, cuentan entre su fauna con el "rey de los peces", el codiciado salmón., después de que se extinguiera a mediados del siglo XIX, cuando se construyeron las primeras presas en estos cauces. Su número todavía es escaso, pero cada año se va incrementando el número de ejemplares que regresan para reproducirse.